La creación de la Agencia Nacional de Evaluación de Financiamiento de Tecnologías Sanitarias: ¿Avance técnico o retroceso en el derecho a la salud?

El reciente anuncio del Gobierno argentino sobre la creación de la Agencia Nacional de Evaluación de Financiamiento de Tecnologías Sanitarias (ANEFiTS) ha generado un intenso debate en el ámbito sanitario, jurídico y social. Esta nueva entidad, dependiente del Ministerio de Salud, tendrá la responsabilidad de evaluar la seguridad, eficacia y costo-efectividad de medicamentos, tratamientos y tecnologías médicas, antes de su incorporación al sistema de salud financiado con recursos públicos.

Si bien el proyecto se presenta como un paso hacia una mayor eficiencia y transparencia en la gestión sanitaria, también abre serias dudas sobre su impacto real en el acceso a la salud, especialmente para los sectores más vulnerables.

Aspectos positivos de la ANEFiTS

La implementación de una agencia especializada en la evaluación de tecnologías sanitarias puede aportar beneficios concretos:

  • Rigor científico en las decisiones: al centralizar la evaluación en un organismo técnico, se espera que las decisiones se basen en evidencia científica sólida, priorizando tratamientos con beneficios clínicos comprobados.
  • Optimización del uso de recursos públicos: ANEFiTS permitiría orientar la inversión del Estado hacia tecnologías efectivas y evitar gastos en intervenciones costosas sin impacto sanitario significativo.
  • Reducción de la litigiosidad sanitaria: la existencia de criterios claros podría disminuir los conflictos entre pacientes y financiadores, aportando mayor previsibilidad al sistema.

Preocupaciones y críticas

Sin embargo, detrás del discurso técnico también surgen preocupaciones profundas sobre los efectos prácticos de esta agencia, especialmente en un país con profundas desigualdades en el acceso a la salud:

Advertencia necesaria

La creación de la ANEFiTS podría representar una mejora en la calidad del gasto público en salud si se la implementa con equilibrio, controles democráticos y enfoque en el derecho humano a la salud.

Pero si se la utiliza, como ha ocurrido en otras jurisdicciones, para cerrar el paso a nuevos tratamientos, frenar amparos judiciales y blindar recortes con apariencia técnica, estaremos ante un retroceso grave.

No se trata solo de eficiencia, sino de equidad.

Cuando el Estado niega una terapia que puede salvarte o darte calidad de vida, esa puerta queda abierta solo para quien puede pagarla. Y así, lo que debería ser un derecho se convierte en un privilegio.

El debate recién comienza. Y debe incluir no solo a expertos, sino a quienes viven cada día la incertidumbre de depender de un sistema de salud que muchas veces responde tarde, mal o nunca.

Archivado en


Nota publicada originalmente en MDZ Online – Consumidores

Scroll al inicio