Aumento de precios sin control: Sin competencia real, Telecom-Clarín podrá fijar los precios que quiera. No habrá otra empresa grande que la obligue a mantener tarifas competitivas. Si hoy las facturas ya duelen, prepárense para lo que viene.
- Pésima calidad de servicio: cuando no hay competencia, las empresas dejan de preocuparse por mejorar. Si el usuario no tiene a dónde ir, ¿qué incentivo tiene la empresa para darle un buen servicio?
- Planes más caros y menos opciones: cuando las compañías compiten, buscan ofrecer mejores planes y descuentos para atraer clientes. En un monopolio, esto desaparece. No hay necesidad de tentar al usuario con mejores condiciones si no tiene alternativas.
- Control de la información: en un país donde el Grupo Clarín ya maneja gran parte de los medios de comunicación, sumarle el dominio de las telecomunicaciones le da un poder inmenso sobre la información que circula en Argentina.
Esto no es una exageración. En muchos países donde se permitió la concentración del mercado de telecomunicaciones, los precios subieron y la calidad bajó. Y en Argentina, la situación es aún más grave porque Telecom y Telefónica han crecido gracias a décadas de subsidios y beneficios estatales.
El Estado ya financió el crecimiento de estas empresas: ahora las deja hacer lo que quieren.
El colmo de la situación es que Telecom y Telefónica no llegaron a este punto solas. Fueron beneficiadas por políticas de Estado durante años. Subsidios, licencias a precios bajos, acceso a infraestructura estatal, créditos blandos y regulaciones a medida les permitieron consolidarse en el mercado. Durante la pandemia, por ejemplo, el ENACOM destinó miles de millones de pesos a mejorar la infraestructura de telecomunicaciones en el país. ¿Para qué? ¿Para que ahora el mercado termine en manos de un solo grupo que va a poner sus propias reglas?
Esto es lo que indigna. No estamos hablando de empresas que crecieron en base a la competencia leal, sino de compañías que fueron sostenidas con dinero de todos los argentinos. Y ahora que llegaron a la cima, nos quieren hacer creer que esto es una simple transacción comercial sin impacto en los usuarios.
El Gobierno tiene la última palabra: frenar el monopolio o habilitar el abuso
El Gobierno nacional dice que va a evaluar la operación. La pregunta es: ¿de verdad van a frenarla? ¿O solo están ganando tiempo para que la fusión se haga de facto mientras los organismos de control miran para otro lado?
Porque esto es muy simple
- Si permiten que Telecom compre Telefónica, estarán avalando el mayor monopolio de las telecomunicaciones de la historia del país.
- Si bloquean la operación, demostrarán que realmente creen en la competencia y en la defensa de los usuarios.
El mercado no puede ser un juego de poder donde los gigantes absorben a la competencia y los usuarios quedan a merced de un monopolio. Este es el momento en que se define si en Argentina habrá un mercado de telecomunicaciones con reglas claras y competencia real, o si dejaremos que una sola empresa fije las condiciones sin control.
Lo que está en juego no es solo el precio que pagaremos en nuestras facturas. Lo que está en juego es el derecho a elegir, la calidad del servicio y la libertad de comunicación en un país donde la información y la conectividad son cada vez más esenciales. Ahora veremos de qué lado está realmente el Gobierno: del lado de los usuarios o del lado de los grandes grupos económicos.