El Proceso de Pequeñas Causas, que se presentaba como una alternativa judicial rápida, también tenía sus limitaciones. Su límite de monto lo hacía inaccesible para muchos reclamos, ya que solo se aplicaba a conflictos cuyo valor no excediera los 3 JUS, lo que equivale a $1.473.894,57. Si bien es una herramienta útil para reclamos menores, la realidad es que muchos conflictos de consumo superan este monto, dejando a los afectados sin una vía efectiva para resolverlos.
Una nueva solución: la Oficina de Conciliación Civil y Comercial (OCC)
En este contexto, la creación de la Oficina de Conciliación Civil y Comercial (OCC) representa un avance significativo para garantizar el acceso a la justicia de los consumidores. Este sistema de conciliación obligatoria permite que cualquier afectado pueda reclamar sin pagar tasas judiciales y sin trabas burocráticas.
Además, para los abogados, se convierte en un procedimiento atractivo, ya que facilita la resolución rápida de conflictos sin las demoras y complicaciones de un juicio tradicional.
¿Cómo funciona esta nueva oficina?
La Oficina de Conciliación Civil y Comercial (OCC) es una instancia prejudicial obligatoria. Antes de iniciar una demanda en los tribunales, las partes deben acudir a este mecanismo para intentar llegar a un acuerdo.

La mecánica es sencilla:
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Presentación del reclamo: el consumidor o usuario presenta su queja en la oficina, donde se analiza si el caso es admisible dentro de este procedimiento.
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Designación de un conciliador: un profesional especializado en resolución de conflictos es asignado para mediar entre las partes.
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Audiencia de conciliación: se convoca a ambas partes a una reunión, donde se busca un acuerdo voluntario que beneficie a ambas partes.
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Resolución del caso: si se llega a un acuerdo, este tiene fuerza legal y debe cumplirse. Si no hay acuerdo, el consumidor queda habilitado para acudir a la vía judicial.
Un paso clave en la defensa del consumidor
La rapidez del proceso y la posibilidad de obtener una resolución sin costos adicionales hacen de esta herramienta un verdadero acceso a la justicia para los ciudadanos. Además, la participación de conciliadores especializados permite que las negociaciones sean más efectivas y equilibradas, evitando el desgaste y la incertidumbre de un juicio prolongado.
La conciliación obligatoria es, sin duda, un gran paso en la defensa del consumidor en Mendoza. Pero su éxito dependerá de su correcta implementación y de que los ciudadanos conozcan y utilicen esta herramienta para hacer valer sus derechos.
Es momento de aprovechar este avance y exigir que funcione de manera efectiva, sin trabas ni excusas. La justicia debe estar al servicio del consumidor, no de las grandes empresas.