De qué se trata
Desde el 1 de julio, por el Decreto 535/26, la calle Lavalle —costado sur, entre San Martín y Salta— pasó a tener estacionamiento medido: de lunes a viernes de 14 a 20 y los sábados de 8 a 13. Son 60 cuadras nuevas de plazas pagas. Con las de San Martín, la Ciudad ya suma 150 espacios tarifados y estudia una tercera etapa para sumar otras 150. La tarifa del medido es de $300 cada 30 minutos.
La Ciudad suma cuadras de estacionamiento pago en un centro que se está vaciando. Lo venden como “ordenamiento del tránsito” y “apoyo al comercio”. Es exactamente al revés. Cada cuadra que se tarifa es una razón más para que el vecino que iba a comprar al Centro se dé media vuelta y se vaya a un strip center de Luján o Maipú, donde estaciona gratis y sin reloj.
Miremos el centro real, no el del comunicado. Cualquiera que camine hoy por las calles comerciales ve lo mismo: vidrieras apagadas, carteles de “se alquila”, locales que achican metros para poder pagar. No lo digo yo: lo relevó MDZ en junio. Los comercios del microcentro duran cada vez menos —la antigüedad promedio cayó de once años a menos de nueve— y zonas enteras, como el entorno de la Legislatura, muestran una hilera de persianas bajas. El consumo se cae, la compra se fue a internet y a los polos comerciales de otros departamentos. Ese es el cuadro. Y sobre ese cuadro, ¿la respuesta del municipio es cobrar por dejar el auto?
La lógica de la caja
El estacionamiento medido no “favorece la rotación” para el comerciante del Centro. Le encarece la visita al cliente. El que antes paraba diez minutos a comprar en una mercería, ahora calcula: reloj, tarjeta, inspector, multa. Y elige el shopping. La rotación que le sirve a un local de barrio no es la del que pasa y sigue; es la del que baja del auto, entra y compra sin apuro. El medido premia lo contrario.
Y no es un cobro aislado. Es un método. La misma administración que tarifa cuadra por cuadra estrenó en mayo un nuevo Código de Edificación que, para dejar construir más alto, exige pagar. El viejo Factor de Ocupación Total desapareció, sí, pero la altura extra —hasta dos niveles más en edificios de más de 27 metros— ahora se compra: se paga una “contribución” calculada sobre el valor del metro cuadrado del Colegio de Arquitectos. Traducido: querés hacer crecer tu edificio, ponés la mano en el bolsillo. Estacionar en el Centro, cuesta. Edificar en el Centro, cuesta. Todo pasa por la caja municipal.
Ese es el problema de fondo. No es una medida, es una manera de entender la ciudad: como una fuente de recaudación antes que como un lugar para vivir, trabajar y producir. Y cuando el Estado municipal ve al vecino y al comerciante como contribuyentes a exprimir en vez de como los que le dan vida a la calle, el resultado está a la vista. El Centro no se ordena. Se apaga.
El discurso y la vereda
El municipio dice que elimina tasas para aliviar costos y que mejora el espacio público para acompañar al comercio. Que lo diga está bien; que lo demuestre en la vereda, mejor. Porque en la vereda lo que se ve es una cuadra que ayer era gratis y hoy tiene reloj. Al comerciante no lo convencen los comunicados: lo convence que le entre gente al local. Y para que entre gente, lo último que hay que hacer es cobrarle por bajarse del auto.
Lo que habría que hacer
Hay otro camino, y no es misterioso.
Frenar la expansión del medido en las zonas comerciales golpeadas. No sumar la tercera etapa mientras la vacancia crezca. El responsable es el Departamento Ejecutivo, que dicta los decretos. El beneficio es directo: el que va a comprar no paga peaje para hacerlo.
Estacionamiento gratuito o bonificado para el que compra. Un esquema simple, con ticket del comercio, como funciona en cualquier centro comercial que quiere competir. Si el Centro va a pelear contra el shopping, que juegue con las mismas reglas.
Dejar de cobrar por construir. La renovación edilicia trae vecinos, y los vecinos sostienen al comercio de cercanía. Cobrar una contribución por cada metro en altura desalienta justo lo que el Centro necesita: gente viviendo en él.
Transparencia de la recaudación. Que el municipio informe cuánto recauda por estacionamiento medido y en qué se reinvierte. Si es “un programa con propósito social”, como dice la propia norma, que se vea a dónde va la plata.
Un centro no se revive con reloj y tarjeta. Se revive bajando costos, atrayendo gente y dándole al comerciante razones para quedarse. Todo lo demás es contarle a la vecina que la persiana baja de enfrente es, en realidad, ordenamiento del tránsito.
Dr. Mario Vadillo — Abogado especialista en defensa del consumidor y del usuario de servicios públicos. Matrícula T° 75 F° 347, Colegio de Abogados de Mendoza. Datos de la medida: Decreto Municipal 535/26 y sitio oficial de la Ciudad de Mendoza. Datos de comercios: MDZ, junio de 2026. Nuevo Código de Edificación vigente desde el 14 de mayo de 2026.
