En una frase: el Argentina-Inglaterra de semifinales del Mundial 2026 no es la guerra de Malvinas, pero tampoco es “solo” un partido. Son dos planos distintos que la historia entrelazó: uno es un reclamo político legítimo y sin resolver; el otro, un cruce deportivo entre jugadores que ni habían nacido en 1982.
El miércoles 15 de julio, en Atlanta, Argentina se juega el pase a la final del Mundial 2026 contra Inglaterra. Y como pasa cada vez que estas dos camisetas se cruzan, en las calles y en las redes aparece la palabra “Malvinas” — como en la foto que circuló esta semana en pleno festejo por Suiza, con un cartel bien filoso colgado en el centro. Para muchos —sobre todo para los más grandes— esa reacción es automática. Para buena parte de los más jóvenes, que no vivieron nada de esto, capaz que suena raro: ¿qué tiene que ver un partido de fútbol con una guerra de hace más de 40 años?
Va la explicación rápida, para los que no la vivieron, antes de entrar al debate de fondo.
Qué fue realmente la Guerra de Malvinas (resumen para el que no la vivió)
En 1982, Argentina estaba gobernada por una dictadura militar —no había elecciones, ni libertad de prensa, y el propio régimen secuestraba, torturaba y hacía desaparecer gente—. El jefe de esa dictadura, el general Leopoldo Galtieri, ordenó invadir las Islas Malvinas, un archipiélago en el Atlántico Sur que Argentina reclama como propio desde 1833, cuando Gran Bretaña lo tomó por la fuerza. La jugada de Galtieri buscaba, en el fondo, ganar apoyo popular en un momento de crisis económica y de cada vez más protestas contra el gobierno.
Gran Bretaña, gobernada por la primera ministra Margaret Thatcher, respondió mandando una flota militar. La guerra duró 74 días, entre abril y junio de 1982, y terminó en una derrota argentina. El saldo: 649 soldados argentinos muertos —muchos de ellos chicos de 18 y 19 años, recién salidos del colegio, con poca o ninguna instrucción militar—, 255 soldados británicos y 3 civiles de las islas. Casi la mitad de los muertos argentinos —323— fueron los tripulantes del crucero ARA General Belgrano, hundido por un submarino británico. Un año después de la derrota, en 1983, la dictadura cayó y volvió la democracia.
Esa guerra —con esos muertos reales, esa dictadura real, esa derrota real— es lo que muchos recuerdan cada vez que Argentina juega contra Inglaterra. Y es importante decirlo claro: nada de eso lo decidió la selección inglesa de fútbol. Los jugadores que hoy visten esa camiseta —Bellingham, Kane— nacieron entre 15 y 20 años después de que terminara la guerra. Cargarles a ellos ese conflicto es, en los hechos, un error: la guerra la decidieron Galtieri y Thatcher, no un futbolista de 22 años que ni había nacido.
Pero tampoco es “solo” fútbol, y hacerse el distraído con eso es faltarle el respeto a los que la sufrieron
Ahora bien: decir que “es solo un partido” también es una simplificación cómoda. El 22 de junio de 1986, apenas cuatro años después de la rendición, Argentina eliminó a Inglaterra en cuartos de final con dos goles de Maradona que quedaron grabados en la memoria colectiva por motivos que exceden lo deportivo: la “mano de Dios” —una trampa, dicha así por el propio Maradona— y el “gol del siglo”, una jugada de una belleza casi obscena para el momento histórico en que ocurrió. El propio Maradona lo dijo después, sin vueltas: sintió que le estaba ganando algo más que un partido a los ingleses. Esa lectura no la inventaron los hinchas: la instaló el ídolo máximo del fútbol argentino, en carne propia, con una guerra reciente y una patria herida.
Por eso cuando en la previa de esta semifinal aparecen los cánticos y los carteles con la palabra “Malvinas”, no hay que escandalizarse ni hacerse los ingenuos: es la forma que encontró una parte de la sociedad —sin cursar un duelo político ni una reparación institucional completa por lo que pasó en 1982— de procesar algo que sigue abierto. El error no es que la gente sienta eso. El error sería que el Estado, los medios o la propia AFA usen ese sentimiento genuino como combustible de marketing, mezclando la memoria de 649 muertos con un producto televisivo.
La distinción que hay que hacer, y que la mayoría no hace
El planteo, entonces, no es “guerra sí” o “solo deporte”: es separar el plano. Podés —y en mi opinión, corresponde— sostener el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas como una causa nacional legítima, apoyada en el derecho internacional a la autodeterminación de los pueblos y en el repudio histórico al colonialismo de 1833, sin necesidad de bajarlo a un cruce de cuartos o semifinales de un Mundial. Y al mismo tiempo, podés disfrutar del partido, cantarle a upa a Inglaterra en la cancha y despreciar cualquier intento de bajarle el precio a la memoria de los caídos usándola como chicana de tribuna.
Las dos cosas conviven. Lo que no puede pasar es que una tape a la otra: ni el folclore futbolero debería borrar que hubo una guerra real con muertos reales, ni la guerra debería usarse para justificar agresiones a jugadores que no tuvieron nada que ver con ella.
El miércoles, ojalá, gane Argentina. Y el 2 de abril que viene, ojalá el país recuerde a los 649 con la misma intensidad con la que este martes va a putear a Inglaterra por una pelota.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se relaciona el partido Argentina-Inglaterra con la Guerra de Malvinas?
Porque en 1986, apenas cuatro años después de la guerra, ambas selecciones se cruzaron en un Mundial y Argentina ganó con los goles de Maradona conocidos como “la mano de Dios” y “el gol del siglo”. El propio Maradona asoció esa victoria con una revancha simbólica, y esa lectura quedó instalada en el imaginario popular desde entonces.
¿Cuántos murieron en la Guerra de Malvinas?
649 soldados argentinos, 255 soldados británicos y 3 civiles de las islas, en un conflicto de 74 días entre abril y junio de 1982. Casi la mitad de los muertos argentinos (323) corresponden al hundimiento del crucero ARA General Belgrano.
¿Los jugadores ingleses actuales tienen alguna responsabilidad en la guerra?
No. La guerra fue decidida por la dictadura militar argentina, encabezada por Leopoldo Galtieri, y por el gobierno británico de Margaret Thatcher. Los futbolistas que hoy integran la selección inglesa nacieron entre 15 y 20 años después de que terminara el conflicto.
¿Está mal que los hinchas mencionen Malvinas antes del partido?
El reclamo de soberanía sobre las Malvinas es una causa política legítima y no resuelta, independiente del resultado deportivo. El problema no es que la sociedad sienta esa herida histórica, sino cuando se la usa como excusa para agredir a jugadores que no tuvieron ninguna participación en el conflicto.
Mario Vadillo — Abogado (T° 75, F° 347). Ex diputado provincial de Mendoza.

