El Gobierno nacional puso en marcha el nuevo Régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF), que reemplaza el sistema anterior de segmentación por niveles del RASE. El cambio no es menor ni técnico: redefine quién accede al subsidio, cuánto se subsidia y, sobre todo, qué consumo se considera “aceptable” para una familia.

Desde ahora, el subsidio deja de acompañar el consumo real del hogar y pasa a depender de un bloque de consumo base rígido. Todo lo que excede ese umbral se paga a tarifa plena, sin asistencia alguna.
Del subsidio por nivel al subsidio por consumo
El esquema anterior distinguía hogares según niveles de ingresos. El SEF elimina esa lógica y la reemplaza por un criterio más restrictivo: hay subsidio solo hasta un determinado volumen mensual de consumo.
En electricidad, el nuevo sistema fija:
- 300 kWh mensuales en meses de alta demanda (verano e invierno),
- 150 kWh mensuales en meses de demanda moderada.
Superado ese límite, el consumo adicional se factura sin subsidio, al precio pleno de la energía.
Este punto es central: el subsidio ya no cubre una parte de la factura, sino un volumen limitado de energía. El resto queda completamente a cargo del usuario.
Un bloque base que no refleja la vida cotidiana
Según datos técnicos de entes reguladores y distribuidoras, el consumo residencial promedio histórico en Argentina ronda los 550 a 600 kWh por bimestre, es decir, entre 275 y 300 kWh mensuales. Ese promedio corresponde a hogares sin derroches, pero tampoco hiper eficientes.
En verano, ese promedio se rompe. El uso de aire acondicionado deja de ser una opción y se convierte en una necesidad básica, especialmente en zonas de altas temperaturas. Con equipos comunes —no inverter—, habituales en hogares con electrodomésticos de entre 5 y 10 años de antigüedad, el consumo mensual supera fácilmente el bloque subsidiado, aun con un uso moderado.
El nuevo sistema no toma en cuenta: la cantidad de integrantes del hogar, el tamaño de la vivienda,
la antigüedad del equipamiento,
ni las condiciones climáticas reales.
El resultado es que muchas familias quedan fuera del subsidio sin haber cambiado sus hábitos, solo por vivir como siempre.
Un subsidio pensado para hogares “modelo”
En la práctica, el SEF solo funciona para: hogares pequeños (uno o dos integrantes), viviendas de pocos metros cuadrados, electrodomésticos nuevos y eficientes, y un uso extremadamente cuidadoso de la energía.
La realidad del parque eléctrico argentino es otra. La mayoría de los hogares utiliza heladeras, lavarropas, microondas, sistemas de calefacción y aires acondicionados con varios años de uso, comprados cuando no existían estos límites ni esta presión tarifaria.
El mensaje implícito es claro: el subsidio no protege la necesidad, protege la eficiencia previa.
Quien no pudo invertir en tecnología nueva, paga más, aun sin consumir de manera excesiva.
Ingresos, patrimonio y discrecionalidad
Formalmente, el acceso al SEF se define por ingresos: hogares cuyos ingresos netos no superen tres Canastas Básicas Totales.
Pero la reglamentación introduce un elemento clave: la Secretaría de Energía del Ministerio de Economía, como Autoridad de Aplicación, se reserva la facultad de definir indicadores de “exteriorización patrimonial” que permitan presumir capacidad de pago.
Esto implica que, aun cumpliendo el requisito de ingresos, la tenencia de determinados bienes o registros patrimoniales —definidos por la propia autoridad— puede justificar el rechazo o la exclusión del beneficio.
El subsidio deja de ser un derecho reglado y pasa a depender de criterios administrativos amplios y cambiantes, sin parámetros claros ni previsibilidad para los usuarios.
La puerta abierta a reducir aún más el subsidio
El nuevo régimen también deja explícita otra potestad: la posibilidad de modificar y reducir el bloque de consumo base subsidiado.
Esto convierte al SEF en un sistema inestable, donde el beneficio puede achicarse por simple decisión administrativa, sin debate público ni control legislativo. No solo importa cuánto se subsidia hoy, sino la incertidumbre permanente sobre cuánto se subsidiará mañana.
El dato que no se dice: impuestos y tasas intactos
Aun dentro del bloque subsidiado, hay un problema estructural que persiste: los impuestos, tasas y cargos municipales y provinciales se siguen cobrando sobre el consumo total, sin descontar previamente el subsidio.
En la práctica: el Estado subsidia parte del costo de la energía, pero cobra IVA, Ingresos Brutos y tasas locales sobre el valor completo del servicio.
El efecto es regresivo. En muchas facturas, los impuestos y tasas terminan representando un monto similar o incluso superior al valor del consumo efectivo de energía. El subsidio no reduce la carga tributaria, solo atenúa parcialmente el impacto del precio.
Un cambio técnico con consecuencias sociales
El nuevo esquema de subsidios energéticos focalizados no es una modernización neutra ni un simple ordenamiento administrativo. reduce el volumen protegido, castiga a quienes no pueden renovar sus electrodomésticos, amplía la discrecionalidad estatal, y mantiene intacta la presión impositiva sobre el servicio.
La energía deja de ser tratada como un servicio esencial a proteger y pasa a ser una variable fiscal más, donde el ahorro del Estado se logra trasladando el costo y la incertidumbre a los hogares.
