Ley de Talles en Mendoza: cuando Defensa del Consumidor es solo un adorno burocrático

Doce años. Doce años de una ley aprobada y jamás aplicada. La Ley de Talles de Mendoza (Nº 8.579) fue sancionada en 2013 para que los mendocinos pudiéramos comprar ropa sin sentirnos deformes en los probadores, pero en 2025 sigue siendo letra muerta. ¿Y quién es el gran responsable? La Dirección de Defensa del Consumidor de Mendoza, que lleva más de una década pateando la reglamentación y dejando que el mercado siga estafando y discriminando a los consumidores.

La pregunta es: ¿sirve de algo la Dirección de Defensa del Consumidor en Mendoza? Porque si su función es proteger a los consumidores, no está protegiendo a nadie.

La estafa de la Ley de Talles: una ley sin aplicación es un engaño

La Ley 8.579, en su artículo 6, deja claro que el Ministerio de Producción es la autoridad de aplicación, pero quien debe hacerla funcionar, reglamentarla y fiscalizar su cumplimiento es Defensa del Consumidor. El problema es que, en Mendoza, Defensa del Consumidor no defiende a nadie.

Esta no es la única ley que queda en el limbo, esperando que un burócrata tenga ganas de reglamentarla. Nos llenamos de leyes de protección al consumidor que nunca se instrumentan, porque este organismo se dedica a ser un espectador del abuso empresarial.

El pretexto del “estudio antropométrico” ya no sirve

Durante años nos vendieron el verso de que no podían reglamentar la ley porque no existían estudios sobre las medidas corporales de los argentinos. Esa excusa caducó en 2021, cuando el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) finalizó el estudio antropométrico nacional.

Las medidas están definidas:

Entonces, ¿por qué Defensa del Consumidor no reglamenta la ley? Porque no le importa. Porque su función no es molestar a las grandes marcas ni a los comerciantes que venden talles truchos, su función es hacerse los distraídos mientras los consumidores quedan desprotegidos.

Las víctimas del sistema: historias de mendocinos que enfrentan la discriminación de los talles

Mientras los funcionarios de Defensa del Consumidor se esconden detrás de su escritorio, los mendocinos siguen sufriendo las consecuencias:

El problema no es solo de talla. Es de salud pública, es de discriminación y es de un Estado ausente.

Defensa del Consumidor: un organismo que no cumple ninguna función real

¿Cuántas leyes de defensa al consumidor existen en Mendoza pero no se aplican? Nos llenamos de normativas que parecen pensadas para darnos derechos, pero que nunca llegan a cumplirse porque Defensa del Consumidor está pintada en la provincia.

No reglamentan la Ley de Talles, no multan a los comercios que venden talles fraudulentos, no defienden a los consumidores. ¿Entonces, para qué existen?

Mendoza tiene un organismo que debería ser el garante de que las leyes de defensa del consumidor se cumplan, pero en la práctica es solo un adorno burocrático. Se limitan a recibir quejas, derivarlas y, en el mejor de los casos, hacer alguna sanción menor que no cambia nada.

El colmo del absurdo: el consumidor no puede exigir el cumplimiento de la ley porque Defensa del Consumidor no hace su trabajo

Y aquí viene el problema más grave de todos: los mendocinos no podemos exigir el cumplimiento de la Ley de Talles porque Defensa del Consumidor nunca la reglamentó. Es un círculo vicioso diseñado para que los consumidores pierdan siempre.

¿Querés hacer una denuncia porque un local no cumple la Ley de Talles? No podés. No hay parámetros ni sanciones porque la ley no está reglamentada.

¿Querés exigir que un comercio respete los talles del Sistema Único Normalizado (SUNITI)? No podés. No hay controles.

¿Querés que el Estado haga algo? No va a pasar, porque los funcionarios de Defensa del Consumidor en Mendoza están de adorno.

Nos están estafando. Nos venden leyes que parecen defendernos, pero nunca se aplican porque quienes deberían hacerlo simplemente no tienen ganas de hacerlo.

La pregunta es: ¿seguimos aceptando este teatro de leyes que no sirven, o exigimos que Defensa del Consumidor deje de ser una oficina fantasma y empiece a hacer su trabajo?

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Nota publicada originalmente en MDZ Online – Consumidores

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