Temu, Mercado Libre y la excusa perfecta: cuando la defensa del consumidor se usa para frenar la competencia

Temu y la experiencia real del consumidor

Para el usuario, Temu, Shein y la apertura del mercado importador es un shock de realidad. Variedad de productos que en Argentina no existe, precios que dejan al descubierto el sobreprecio estructural —especialmente en rubros como la ropa— y, además, envíos que ya no son una espera eterna: hoy llegan rápido y cumplen.

Eso explica su crecimiento. No hay misterio ni ideología: abarata la vida cotidiana. En un país donde muchos precios parecen pensados para pocos, estas plataformas muestran algo incómodo: que buena parte de lo que pagamos de más no es costo, es margen.

Publicidad engañosa: un problema real, pero no nuevo

El fuerte ingreso de Temu y su rapidez en captar mercados, llevó a Mercado Libre a salir a frenarla mediante la denuncia EX-2025-78275517-APN-DNPDMI#MEC donde la Dirección Nacional de Políticas para el Desarrollo del Mercado Interno dictó la medida preventiva (cautelar administrativa) contra Temu,

La denuncia de Mercado Libre contra Temu se apoya en la supuesta publicidad engañosa y derivó en una medida administrativa que le ordena frenar determinadas promociones.

¿Existe publicidad engañosa? Sí.

En Temu, en Mercado Libre y en casi todo el comercio electrónico.

Basta mirar lo que pasa todos los años con el Black Friday, el Cyber Monday o los descuentos “por tiempo limitado” que duran meses. La publicidad engañosa debe sancionarse siempre, sin excepciones ni dobles estándares.

El riesgo de usar al consumidor como excusa

El problema aparece cuando el control publicitario se transforma en un atajo. Porque acá no estamos frente a un comercio chico engañando usuarios, sino ante una pelea entre gigantes, donde uno denuncia y el otro es disciplinado rápidamente con una cautelar administrativa poco transparente.

Cuando eso ocurre, el riesgo es claro: frenar competencia real usando el lenguaje de la defensa del consumidor. Y eso, lejos de proteger al usuario, termina perjudicándolo.

Lo que realmente se cuestiona (y lo que no)

Nadie cuestiona que Temu venda barato.

Lo que se discute es cómo comunica sus promociones: descuentos inflados, “gratis” con condiciones, juegos y premios con reglas poco visibles.

Eso se corrige con reglas simples:

  • precio final claro,
  • condiciones visibles antes de comprar,
  • responsabilidad postventa efectiva.

No hace falta nada más. Tampoco hace falta usar medidas excepcionales para ordenar el mercado por la puerta de atrás.

El problema de fondo: falta de competencia efectiva

Si el debate se limita a la publicidad, se pierde lo central. El verdadero problema del mercado argentino no es el marketing agresivo, sino la falta de competencia efectiva.

Durante años, Argentina tuvo una Ley de Defensa de la Competencia moderna, pero sin el órgano clave funcionando en serio. Sin un Tribunal de Defensa de la Competencia operativo, no hubo: control real de posiciones dominantes, análisis de barreras de entrada, revisión de mercados concentrados, ni decisiones de fondo que impacten en precios.

En ese vacío, el Estado reguló a los golpes: parches administrativos, medidas preventivas y expedientes exprés que no miran el tablero completo.

El Tribunal de Defensa de la Competencia: la pieza que faltaba

Hoy el Tribunal de Defensa de la Competencia ya fue formalmente constituido, con concurso previo y designaciones en comisión. Es un avance institucional importante, largamente demorado.

Pero el desafío no es declarativo: tiene que funcionar de verdad. Con independencia, recursos y decisión política para analizar conflictos como el de Temu y Mercado Libre desde la lógica correcta: la competencia y su impacto directo en el bolsillo del consumidor.

Porque si el Tribunal no asume ese rol, el Estado seguirá interviniendo por reflejo, no por política pública. Y cada vez que se use una cautelar para “ordenar” a un competidor más barato, el resultado será siempre el mismo: menos opciones, menos presión competitiva y precios más altos.

Defender al consumidor es defender la competencia

Defender al consumidor no es proteger al que ya domina el mercado.

Es garantizar reglas claras, castigar el engaño y, sobre todo, asegurar que exista competencia real.

Si el Tribunal de Defensa de la Competencia no ocupa ese lugar, la pelea entre gigantes seguirá resolviéndose por los costados. Y como casi siempre en Argentina, el que termina pagando la cuenta es el usuario.

Scroll al inicio