La foto ya es un símbolo del modelo Mendoza: policías, cascos, gas pimienta y ciudadanos reclamando por educación pública como si fueran enemigos del Estado.
Mientras docentes, estudiantes, investigadores y familias defendían una universidad gratuita —la misma que permitió que miles de hijos de trabajadores llegaran a ser profesionales— la respuesta del gobierno de Alfredo Cornejo fue represión.
No diálogo.
No escucha.
No sensibilidad.
Gas pimienta.
Cornejo eligió pararse del lado del ajuste brutal de Milei y convertirse en el ejecutor local de una política que desprecia la educación pública, la ciencia y la movilidad social.
Y lo más grave: lo hace usando la estructura del Estado para disciplinar al que protesta.
La traición a la historia del radicalismo
Un radical que reprime una marcha universitaria no está traicionando solamente a los estudiantes. Está traicionando la historia completa del radicalismo universitario, la Reforma del 18 y la idea misma de universidad pública como herramienta de igualdad.
Porque el verdadero radicalismo defendía universidades.
No las gaseaba.
Hoy Mendoza tiene un gobernador que parece más preocupado por demostrar obediencia política a Milei que por defender a su propio pueblo.
La universidad pública no es un gasto
La universidad pública no es un gasto. Es el último ascensor social que queda en pie en un país destruido.
Pero para gobiernos obsesionados con el ajuste y el marketing de mano dura, un estudiante reclamando presupuesto parece más peligroso que la pobreza, el abandono escolar o la destrucción del sistema científico.
Y ahí aparece la imagen más decadente de todas: un gobierno rodeado de policías para enfrentar jóvenes con banderas y libros.
Cuando un gobierno le declara la guerra a la universidad pública, en realidad le está declarando la guerra al futuro.
Mario Vadillo
