Valija de equipaje de mano (carry on) en la cabina de un avión

Europa hace gratis el equipaje de mano; en la Argentina hasta Aerolíneas te lo cobra

Europa acaba de decidir que el equipaje de mano viaja gratis. Acá vamos en sentido contrario: hasta la línea de bandera te cobra por subir una valija de cabina y te deja gratis apenas una mochila de tres kilos. El mismo servicio, el mismo avión, dos miradas opuestas sobre el pasajero. Allá es un derecho; acá es un adicional.

El Parlamento europeo acordó esta semana prohibir que las aerolíneas cobren un extra por el equipaje de mano en los vuelos dentro del bloque. Cada pasajero podrá subir a cabina una valija de hasta siete kilos sin pagar de más. No es un capricho: la medida apunta de lleno contra los costos ocultos, esa práctica de publicar una tarifa baja que después se infla con cargos que el viajero descubre cuando ya no puede volver atrás. Tardaron trece años en cerrarlo. Todavía falta la aprobación formal del Parlamento y del Consejo, así que no rige mañana, pero la dirección quedó marcada.

Y no es lo único. El mismo paquete obliga a las compañías a sentar juntas, sin cargo, a las familias y a las personas con movilidad reducida. Prohíbe la trampa del no-show, esa por la cual si no usás el tramo de ida te anulan el de vuelta. Fija plazos: las aerolíneas tendrán que responder un reclamo en treinta días. Y pone números a las demoras y cancelaciones avisadas con menos de dos semanas: entre 250 y 600 euros de indemnización según la distancia, más la obligación de reubicarte en otro vuelo dentro de las tres horas o, si no lo hacen, devolverte hasta cuatro veces el valor del pasaje.

Acá, el camino exactamente inverso

Mientras Europa suma derechos, en la Argentina los restamos. Desde el 4 de mayo, Aerolíneas Argentinas eliminó el equipaje de mano de su tarifa base y de la promo en los vuelos de cabotaje. Quien compra el pasaje más barato ya no puede subir su valija de cabina: solo le permiten un bolso o mochila de hasta tres kilos, de los que entran abajo del asiento. ¿Querés llevar el carry on de ocho kilos de toda la vida? Son 42.350 pesos más, por tramo. Ida y vuelta, el doble.

No vino solo. La empresa ya cobra por elegir asiento con anticipación y le sumó al pasaje un recargo por combustible. Tres cobros nuevos en pocos meses sobre cosas que antes estaban incluidas. Y conviene recordar el dato que vuelve todo más difícil de explicar: la compañía informó ganancias por 112 millones de dólares en 2025. No estamos ante una empresa al borde del abismo recortando para sobrevivir. Estamos ante una decisión comercial de exprimir al pasajero un poco más.

El argumento oficial es siempre el mismo: “competir con las low cost” y “transparentar precios”. Es un eufemismo. Transparentar sería mostrar de entrada cuánto sale viajar de verdad. Lo que se hizo es lo contrario: desarmar el pasaje en pedazos para que el precio de tapa parezca más bajo y la cuenta final, una vez que sumás lo que necesitás sí o sí, termine igual o más cara. El carry on no es un lujo. Es lo que cualquier persona lleva para dos días afuera. Cobrarlo aparte no es transparencia: es desnaturalizar lo que el pasajero razonablemente espera recibir cuando compra un vuelo.

Lo que dice nuestra propia ley

No hace falta envidiar a Europa para saber que esto está mal. El artículo 42 de la Constitución garantiza a los usuarios trato equitativo y digno y la protección de sus intereses económicos. La Ley de Defensa del Consumidor manda que la información sea cierta, clara y detallada, y que no se impongan condiciones abusivas. Un esquema diseñado para que el precio publicado no sea el precio real choca de frente con esos principios. El problema es que en el transporte aéreo argentino la desregulación avanzó a fondo sobre las tarifas y nadie puso, del otro lado, una sola norma nueva que blinde al que viaja. Se liberó el precio. No se protegió a la persona.

Que sea Aerolíneas, una empresa del Estado, la que encabeza este desguace de la franquicia básica es lo más llamativo de todo. La compañía que debería marcar el piso de trato al pasajero es la que está corriendo la línea para abajo, detrás de las low cost, en vez de hacerlo al revés.

La pregunta es cuándo

Europa tiene su agenda y nosotros la nuestra, está claro. Pero copiar lo que sirve no es entreguismo: es sentido común. Si vamos a importar el modelo aerocomercial del mundo, importemos también sus contrapesos. El equipaje de mano incluido. La familia sentada junta sin pagar de más. El reclamo respondido en un plazo cierto. La indemnización automática cuando te dejan a pie. Nada de eso encarece el sistema: ordena la relación entre la empresa y la persona que le confía su plata y su tiempo.

La próxima vez que un funcionario celebre la “modernización” del cielo argentino, vale preguntarle una sola cosa: modernización, ¿para quién? Porque hasta ahora el que viaja paga más por menos, y el que vuela liviano de derechos es siempre el mismo. El pasajero.

Mario Vadillo

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