El Gobierno reabrió la inscripción al nuevo Plan Hogar y hay tiempo hasta el 30 de junio para anotarse. Conviene hacerlo, porque el que no se inscribe queda afuera. Pero que nadie se confunda: el beneficio que ofrecen es un reintegro de $9.593 por garrafa, cuando la garrafa de 10 kilos cuesta alrededor de $30.000. No cubre ni un tercio. Y el tope de dos garrafas por mes en invierno no alcanza ni para la mitad de lo que gasta una familia que depende de la garrafa para todo.
La novedad es administrativa: el viejo Programa Hogar, que pagaba ANSES, quedó reemplazado por un esquema de reintegros directos que se gestiona en el Registro de Subsidios Energéticos Focalizados, el ReSEF. El trámite es digital, con cuenta de Mi Argentina, y la fecha límite es el 30 de junio. Quien no complete la inscripción queda excluido de manera automática. Hasta ahí, el dato de servicio. El problema es lo que hay del otro lado del trámite.
El subsidio, en datos duros
- Reintegro por garrafa de 10 kg: $9.593 (valor móvil, según el precio del GLP).
- Precio real de esa garrafa: alrededor de $30.000 en distribuidor oficial, y más caro en el almacén de barrio y en zonas alejadas.
- Lo que cubre el subsidio: cerca de un tercio del costo. En el interior sin red, menos.
- Tope en invierno (abril a septiembre): dos garrafas por mes ($19.186 de reintegro).
- Tope en verano (octubre a marzo): una garrafa por mes ($9.593).
- Lo que consume un hogar sin gas de red en invierno: entre cuatro y seis garrafas por mes.
- Fecha límite de inscripción: 30 de junio de 2026. Después, exclusión automática.
Un tercio del precio, en el mejor de los casos
El número es el que es. Un reintegro de $9.593 sobre una garrafa que ronda los $30.000 cubre apenas el 32%. Y ese cálculo usa el precio del distribuidor oficial, el más barato. En el almacén de la esquina, en el paraje rural, en la villa cordillerana adonde la garrafa llega con flete encima, el precio es más alto y el subsidio cubre todavía menos. Llamar a eso “subsidio” es generoso. Es una ayuda parcial que el Estado fija a su conveniencia y que cada vez tapa una porción más chica del gasto, porque el precio de la garrafa lo dejaron librado al mercado: ya no hay precio máximo que el Estado garantice.
Dos garrafas cuando hacen falta seis
El otro problema es la cantidad, y es el que más golpea a quien no tiene gas de red. Una familia que cocina, calienta el agua del baño y calefacciona la casa solo con garrafa no usa dos por mes en invierno: usa cuatro, cinco, seis. El tope del subsidio se queda en dos. Las demás las paga enteras, a precio pleno. La cuenta es brutal: el reintegro le devuelve unos $19.186 y el gasto real le trepa por encima de los $100.000 mensuales en los meses de frío.
Lo más injusto es que el esquema nuevo borró la lógica del clima. Antes el régimen reconocía que en las zonas frías se consume más y por eso correspondía más cobertura. Ahora unificaron todo en un tope plano, igual para el que vive en el llano templado que para el que vive a 2.000 metros con heladas la mitad del año. A un hogar de Uspallata, donde en julio se baja a diez grados bajo cero y no hay una sola cañería de gas, le ofrecen las mismas dos garrafas que a cualquier otro. La geografía no entra en la planilla.
Lo que ya advertí, y sigue igual
Esto no cae del cielo: es la letra chica de la reforma de la Zona Fría que vengo señalando desde mayo. Con esa reforma, toda Mendoza quedó afuera del fondo que cubre garrafas, salvo Malargüe. Y hay un detalle que indigna: el recargo que financia ese fondo no se eliminó. Lo seguís pagando en cada factura de luz, hasta un 11,25% sobre el precio del gas. La diferencia es adónde va esa plata. Antes volvía, en parte, a abaratar la garrafa que entraba a tu casa. Ahora va a las empresas que producen el gas. Seguís poniendo el cargo, pero el beneficio se achicó a este reintegro que no alcanza.
Aun así, anotate
Con todas las críticas, el consejo práctico es claro: inscribite antes del 30 de junio. Un subsidio insuficiente es mejor que ninguno, y la exclusión por no anotarse a tiempo es automática y total. Tres cosas para no perderlo: hacé el trámite en la web oficial de subsidios con tu clave de Mi Argentina; verificá que tu garrafero esté registrado en el sistema, porque si no lo está no se genera el reintegro aunque vos estés inscripto; y guardá los comprobantes de cada compra. Si te excluyen alegando “capacidad de pago” y no es justo, esa decisión se puede impugnar por vía administrativa y judicial.
Que el Estado te pida anotarte en tiempo récord para darte un tercio de lo que vale la garrafa, y encima te siga cobrando el recargo en la luz, no es un beneficio: es un ajuste con formulario. El frío no espera al trámite, y la garrafa no baja de precio por decreto. Eso es lo que hay que decir con todas las letras.
Mario Vadillo

