Militancia opositora festeja el triunfo de Adriana García en la UNCuyo

La derrota que más le duele a Cornejo: perdió la UNCuyo, su histórica cantera de poder

La elección de Adriana García como rectora de la Universidad Nacional de Cuyo no es un simple recambio de autoridades. Es una bofetada política al cornejismo en el corazón de una de las instituciones que el radicalismo consideraba propia. Después de doce años, la UNCuyo cambió de manos. Y el mensaje excede el campus.

Este martes, la fórmula de Encuentro Plural que encabeza Adriana García se impuso en el balotaje por el 54% contra el 46% de Gabriel Fidel, el candidato del oficialismo universitario. No fue un resultado ajustado de esos que se discuten voto a voto hasta la madrugada: fue una diferencia clara, contundente, que dejó al búnker oficialista literalmente vacío mientras la militancia opositora festejaba en la Facultad de Educación.

Conviene decirlo con todas las letras: durante años la UNCuyo funcionó como una de las principales usinas de poder del radicalismo mendocino. De sus aulas, decanatos y rectorados salieron funcionarios, legisladores y cuadros técnicos que después poblaron los gobiernos provinciales. Por eso la caída de Fidel, que no era un candidato cualquiera sino el propio vicerrector en ejercicio, tiene una lectura que ningún relato oficial va a poder maquillar. Perdieron la casa que creían suya.

El dato que el oficialismo va a querer esconder es quién votó y dónde. El propio gobernador Alfredo Cornejo se hizo presente temprano, acompañado por dirigentes y militantes de la Franja Morada, para emitir su voto en la Facultad de Ciencias Políticas. Es decir: el cornejismo puso el cuerpo en esta elección. La jugó. Y la perdió. No se trató de una interna académica lejana al poder provincial, sino de una pulseada en la que el oficialismo apostó fuerte y volvió con las manos vacías.

Jornada electoral en la UNCuyo: el gobernador Alfredo Cornejo emite su voto
El gobernador Alfredo Cornejo votó temprano en la jornada que definió el Rectorado de la UNCuyo.

La derrota llega, además, en el peor momento para el discurso oficial. Mientras el Gobierno nacional ajusta el presupuesto universitario y licúa los salarios de docentes y no docentes, mientras crece la incertidumbre sobre el futuro de la educación pública, la comunidad de la UNCuyo eligió girar el timón. No fue un capricho ni una moda: fue una respuesta política a un modelo que dejó a la universidad pública a la intemperie. Y el radicalismo mendocino, aliado de ese ajuste, no tuvo cómo explicarlo en las urnas.

La UNCuyo no es una institución más. Es uno de los grandes centros de formación, investigación y pensamiento del país, con peso propio en la vida de Mendoza. Cuando ahí se produce un vuelco político de esta magnitud, el temblor se siente mucho más allá de los pasillos del campus.

El mensaje es nítido: ninguna estructura de poder es eterna. Ni siquiera las que parecían parte del paisaje, esas que durante décadas se acostumbraron a ganar y a repartir. La comunidad universitaria habló con la herramienta más poderosa de la democracia, el voto, y dijo basta.

Por eso la noticia incomoda tanto al oficialismo provincial. Porque cuando una institución históricamente atada a un espacio político decide cambiar de rumbo, la señal deja de ser universitaria y se vuelve una advertencia para quienes todavía creen que el poder les pertenece para siempre. En la UNCuyo ya les marcaron el límite. La pregunta que queda flotando es cuántos límites más está dispuesta a marcar Mendoza.

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