Cuando abriste cuenta en Mercado Libre, Mercado Pago, Netflix o cualquier servicio digital, hiciste clic en “Acepto los términos y condiciones” sin leerlos. Nadie los lee. Son decenas de páginas en lenguaje técnico diseñadas exactamente para eso: para que no las leas. Pero hay algo que el mercado prefiere que no sepas: si esas cláusulas violan la ley, son nulas, aunque las hayas aceptado con ese clic.
Qué es una cláusula abusiva
La Ley 24.240 de Defensa del Consumidor define como abusivas a las cláusulas que desequilibran los derechos y obligaciones en perjuicio del consumidor. El artículo 37 es contundente: esas cláusulas son nulas de pleno derecho. No hace falta un juicio para que no te las apliquen: el consumidor puede invocar su nulidad directamente, sin costo y sin abogado en una primera instancia.
Los criterios básicos que la ley establece: la empresa no puede reservarse el derecho de cambiar el contrato a su antojo, no puede eximirse de su propia responsabilidad por daños, no puede hacerte asumir riesgos que legalmente le corresponden a ella, y no puede fijar precios sin informártelos antes de que te comprometas a pagar.
Las más frecuentes que encontrás hoy en plataformas digitales
- “El usuario es el único responsable de todo lo que ocurra en su cuenta”, incluyendo fraudes y accesos no autorizados. Es nula. Si la plataforma no adoptó medidas de seguridad adecuadas, la responsabilidad es compartida o directamente de la empresa, no exclusivamente tuya.
- “Podemos modificar estos términos en cualquier momento; el uso continuado implica aceptación.” La Ley 24.240 prohíbe modificar contratos unilateralmente en perjuicio del consumidor. Un cambio que te perjudica requiere tu consentimiento expreso.
- “Podemos tomar fondos de cualquiera de tus cuentas para compensar deudas con nosotros, sin aviso previo.” Esta práctica no está admitida en relaciones de consumo regidas por la Ley 24.240.
- “Los precios de los servicios pueden cambiar sin notificación previa.” Viola el artículo 4 de la ley, que exige información cierta y veraz antes de que el consumidor se comprometa a pagar.
- “Toda disputa se resolverá bajo las leyes del país donde la empresa tiene su sede.” En contratos de consumo en Argentina, rige la legislación argentina y la jurisdicción donde el consumidor tiene su domicilio.
Cómo reclamar cuando una cláusula te perjudicó
- Identificá qué cláusula te aplicaron y buscá en qué artículo de la Ley 24.240 entra en conflicto. Los artículos 37, 38 y 4 son los más relevantes. No hace falta ser abogado para hacer esta primera lectura.
- Presentá un reclamo formal por escrito ante la empresa, citando explícitamente la ley. Pedí que esa cláusula no te sea aplicada y que reviertan el cargo o la situación que generó. Guardá copia de todo.
- Si no hay respuesta en 30 días, denunciá ante Defensa del Consumidor. En Mendoza, la Dirección Provincial atiende en Edificio Cuyum. A nivel nacional, el portal es reclamos.gob.ar. La denuncia activa un proceso de conciliación gratuito donde la empresa tiene que sentarse a negociar.
- Si pagaste con tarjeta, pedí el contracargo al banco emisor. Si el cargo derivó de una cláusula abusiva o de un incumplimiento del servicio, la Ley 25.065 de Tarjetas de Crédito te ampara para pedir la reversión del débito directamente al banco.
- En casos graves o de perjuicio económico relevante, consultá con un abogado del consumidor. La declaración judicial de nulidad de una cláusula abusiva, cuando el daño fue deliberado y sistemático, puede generar derecho a daño punitivo. Las empresas grandes saben esto y muchas veces prefieren acordar antes de llegar a ese punto.
La investigación de la Provincia de Buenos Aires que encontró diez cláusulas abusivas en los contratos de Mercado Libre —con una multa potencial de $1.815 millones— confirma que estos contratos se pueden y se deben cuestionar. Analizé ese caso en detalle acá, pero la lección general aplica a cualquier plataforma digital: el contrato de adhesión no es sagrado. Si viola la ley, no vale.
Si una plataforma te aplicó una condición que sentís injusta o abusiva, escribime. La primera orientación es gratuita y muchas veces alcanza para saber si tenés razón y cuál es el camino para resolverlo.



