Dos noticias de esta semana. Léalas juntas.
Primera: el Gobierno de Mendoza aprobó el modelo de contrato con el BID para un préstamo de USD 85 millones destinados a digitalizar el sistema de salud, incluyendo turnos digitales, historia clínica electrónica y telesalud. Deuda en dólares, a devolver en años, para resolver algo que cualquier municipio mediano resuelve con un call center y una app.
Segunda: la Provincia proyecta invertir $300 millones en reconvertir uno de los viejos jirafarios del Ecoparque en una plaza con juegos, señalética y una escultura metálica de jirafa a escala real.
Una jirafa de chapa. Con fondos provinciales. Mientras los mendocinos hacen cola desde las cuatro de la mañana para conseguir un turno en el hospital público.
El Ecoparque: diez años, miles de millones, sin fecha de apertura
El Ecoparque permanece cerrado al público desde mayo de 2016, cuando durante la primera gestión de Cornejo se decidió transformar el histórico zoológico en un centro de conservación y educación ambiental. Diez años. Dos gestiones de Cornejo y una de Suarez. Sin apertura definitiva.
El costo del proceso es difícil de rastrear porque se fue actualizando con cada excusa. Las obras principales pasaron de $1.839 millones presupuestados en 2022 a $11.000 millones actualizados. Y el Estado mendocino debió pagar más de $400 millones en multas a la empresa contratista Stornini por demoras imputables al propio Estado.
Lo pagamos todos. Las multas también.
Ahora, encima, se suma la jirafa de chapa. El proyecto también prevé incorporar una segunda escultura vinculada a las áreas naturales protegidas de Mendoza, junto con propuestas educativas sobre biodiversidad. Su ejecución se realizaría por etapas y “dependerá de la disponibilidad presupuestaria.”
La misma provincia que no tiene plata para medicamentos en los hospitales públicos tiene disponibilidad presupuestaria para esculturas en un parque cerrado hace diez años.
La maldición de las jirafas
Hay un detalle que el Gobierno omitió al anunciar la escultura: las seis jirafas que vivieron en el zoológico de Mendoza murieron todas de forma trágica entre 1990 y 2004. Una se asfixió con un envoltorio plástico que un visitante tiró al recinto. Otra cayó a la fosa de los leones. Las demás murieron por edema de pulmón, parásitos y dos intoxicaciones con una flor. Los medios locales lo llamaron “la maldición de las jirafas.”
Ahora van a poner una de metal para recordarlas. Con $300 millones de pesos. Financiado por los mismos contribuyentes que hacen cola desde las cuatro de la mañana para un turno médico.
El préstamo que pagaremos entre todos
Los USD 85 millones del BID para salud forman parte de un crédito total de USD 160 millones, de los cuales otros USD 75 millones irán a educación digital. Todo préstamo. Todo deuda. Todo a devolver con intereses por los mendocinos durante la próxima década.
El perfil del proyecto ya fue aprobado en Washington. Lo que no está aprobado es cuándo va a poder un mendocino de Lavalle o de Malargüe sacar un turno médico sin dormir en la vereda del hospital.
La pregunta que nadie responde
¿Por qué se piden dólares prestados para resolver la cola del hospital y se gastan pesos propios en una jirafa decorativa?
La respuesta no está en la gestión sanitaria. Está en dónde hay contratos, licitaciones y adjudicaciones. El sistema de turnos digitales en dólares tiene proveedores de software. La jirafa de chapa tiene un escultor y una empresa constructora. El Ecoparque cerrado hace diez años tiene una contratista que cobró $400 millones en multas que pagamos nosotros.
En Mendoza, la obra pública no se decide por necesidad. Se decide por negocio.

