La historia se repite, con los mismos personajes: el crudo baja casi 10% en una semana, el ciudadano mira la pantalla de la estación de servicio con esperanza, y la petrolera sale a explicar por qué eso no significa nada. Es el ciclo argentino. Los números son claros; el cinismo, también.
El 12 de junio el barril cotizaba a u$s84,88. Cinco días después caía a u$s76,54. Una corrección cercana al 10% en pocos días. ¿Qué pasó en el surtidor? Poco. Las empresas salieron a emitir comunicados sobre “buffers”, “estabilización de precios” y otras palabras que en criollo significan: “nos quedamos la ganancia”.
La asimetría es el punto. Cuando el petróleo subió en marzo (aumento de 41,7% del barril), la nafta súper en CABA subió sólo 24,2%. El surtidor trasladó el 58% del movimiento. Pero abril y mayo no tuvieron nuevas subas proporcionales, aunque el crudo seguía alto. En cambio, ahora que el crudo baja, las petroleras invocan ese mismo “buffer” para no bajar nada.
Eso es un juego de manos. Si el aumento no se trasladaba completo cuando subía, tampoco puede argumentarse ausencia de márgenes cuando baja. O existe simetría real o reconocemos que el mercado funciona de un sentido solo: hacia los bolsillos de las empresas.
YPF, la estatal, explicó la lógica en voz alta: “Mientras estemos recuperando esa diferencia el precio no va a bajar, una vez que se ha cumplido vamos a evaluar”. Traducción: usamos la baja internacional como excusa para recuperar ganancia rezagada. Aleph Energy fue más crudo: “Los precios de las naftas no van a bajar, al menos por 2 meses porque con el buffer que se hizo tienen que compensar todos los meses que estuvo por arriba de u$s95”.
Espera: ¿entonces cuándo fue que el ciudadano pidió que crearan ese “buffer”? ¿En qué contrato firmé yo que las petroleras pueden quedarse la diferencia cuando sube y retenerla cuando baja? El buffer es una decisión empresaria, no un acuerdo colectivo. Que lo expliquen así.
La discusión de fondo, como señala el informe de Roberto Carnicer de la Universidad Austral, es la simetría del mercado. Si reaccionan cuando sube, deben reaccionar cuando baja. No tiene que ser perfecto, pero debe ser explicable. La explicación actual no lo es.
Las operaciones especulativas en Medio Oriente (el “pico de la crisis” llevó el Brent a u$s126, máxima histórica en un mes) justificaban una suba. Pero ¿justifican 2 meses sin bajar después de una caída del 10%? La elasticidad que las propias empresas reconocieron durante la suba permitiría una reducción teórica de unos $117 por litro.
El consumidor carga los tanques con este panorama: en pandemia el crudo se fue al piso y las petroleras dijeron “compresión de márgenes”. Cuando la guerra en Medio Oriente subió todo, dijeron “reacción obligatoria”. Ahora que bajó, dicen “recuperación de márgenes por 2 meses”.
El ciudadano promedio no es ingeniero en petróleo, pero sabe reconocer un relato a medida. Mientras tanto, sigue pagando. Y las petroleras salen a explicar por qué su asimetría no es asimetría. Es el cuento de siempre, con personajes nuevos y el mismo final: los perdedores somos nosotros.

