Esta semana el ANSES empezó a acreditar el medio aguinaldo para jubilados y pensionados. Es una buena noticia, o debería serlo. Pero hay algo que conviene poner en blanco sobre negro antes de que la alegría del semestre tape el problema de fondo: el bono de $70.000 que acompaña la jubilación mínima lleva congelado desde marzo de 2024 y en ese tiempo perdió más de la mitad de su poder adquisitivo. Hoy, para mantenerse en el mismo nivel real que tenía cuando se fijó, debería ser de $154.558. El Estado lo dejó en $70.000 y nadie explica por qué.
El aguinaldo no compensa lo que el bono perdió
La movilidad jubilatoria de junio 2026 fue del 2,58%, en línea con la inflación de abril. Quien cobra la jubilación mínima —$403.317,99— más el bono —$70.000— llega a $473.317,99. El medio aguinaldo se calcula sobre el haber sin el bono, lo que significa que la acreditación de este junio ayuda, pero no repara el daño acumulado en dos años de congelamiento.
Para que quede claro el tamaño del problema: según datos del propio sistema previsional, el bono extraordinario debería ser hoy de $154.558 para mantener el poder de compra real que tenía en marzo de 2024. Eso implica una pérdida real de 54,7% en poco más de dos años. No es una cifra abstracta: es el alquiler del mes, las pastillas de la semana, la boleta de luz del invierno que ya llegó. Y para siete millones de personas, eso no es un número: es una decisión de todos los días.
El bono no es un regalo: es parte del derecho previsional
Hay algo que la comunicación oficial suele omitir deliberadamente. Este bono no es un acto de generosidad del gobierno de turno. Es una prestación complementaria que el Estado creó para sostener el piso de ingresos de los jubilados que cobran el haber mínimo. Cuando ese bono se congela mientras la inflación acumula más del 50%, se está produciendo una reducción encubierta de ingresos previsionales.
La Ley 27.609 y el esquema de movilidad jubilatoria obligan al Estado a actualizar los haberes periódicamente en función del IPC. El bono, sin embargo, quedó fuera de ese mecanismo: se fija por decreto y se actualiza —o no— por decisión política. Esa brecha entre la norma y la práctica tiene consecuencias reales. Y debería estar en el centro del debate político, no sepultada bajo los festejos del aguinaldo.
Qué podés hacer si te afecta
- Controlá tu liquidación. ANSES publica el detalle de cada pago en Mi ANSES (anses.gob.ar). Si el haber no coincide con lo anunciado o aparecen descuentos que no reconocés, tenés derecho a impugnarlos formalmente.
- Reclamá si te cortaron una asignación sin aviso. El procedimiento es por Mi ANSES, vía telefónica al 130 o de forma presencial en tu UDAI. Pedí siempre número de expediente.
- Consultá si tenés derecho a un haber diferencial. Quienes acrediten aportes o situaciones especiales pueden tener derecho a haberes superiores a la mínima. La consulta ante ANSES es gratuita.
- Si el bono no apareció, no lo des por error menor. Reportalo de inmediato. En algunos casos es un problema de actualización de registro; en otros, hay un error administrativo corregible dentro del mismo sistema.
- Consultá a un abogado previsionalista. Si venís recibiendo haberes que considerás inferiores a los que corresponde, existen acciones legales específicas —incluyendo el reajuste de haberes— que pueden tramitarse en sede judicial.
El aguinaldo es un derecho, no un favor
Vale la pena insistir en esto cada vez que el Estado comunica el aguinaldo como si fuera un regalo: el medio aguinaldo previsional existe desde hace décadas, está legislado y corresponde por ley a todos los jubilados y pensionados del sistema contributivo. No es una deferencia del gobierno de turno; es una obligación legal que se cumple porque no queda otro remedio.
Lo que sí sería un verdadero avance es que se discutiera seriamente la recomposición del bono de $70.000. Una prestación complementaria que perdió más de la mitad de su valor real no está cumpliendo su función: garantizar un piso de ingresos digno para quienes construyeron este país durante décadas. Es una deuda que el Estado tiene con sus mayores y que se paga —o se evita pagar— en silencio, mes a mes, mientras los índices bajan lento y las jubilaciones los siguen más lento todavía.
Si tenés dudas sobre tu jubilación, tu bono o cualquier prestación de ANSES que no llegó o que llegó mal, podés escribirme. El primer paso siempre es saber a qué tenés derecho antes de resignarte.

