Mendoza acaba de convertirse en la primera provincia argentina en regular el uso del cannabis medicinal para animales. El Programa REPROVET habilita tratamientos bajo prescripción veterinaria para perros, gatos y cualquier animal con columna vertebral, con registro de profesionales prescriptores y control sobre las plataformas de dispensación. Es una buena noticia. Una noticia que, sin embargo, no puede leerse sin contexto.
Fui el primer legislador en presentar un proyecto de cannabis medicinal en la Legislatura mendocina. En abril de 2019, cuando el tema todavía generaba más incomodidad que debate, ingresé el proyecto “Mendoza Cannabis”, que proponía crear una sociedad del Estado para el cultivo, producción e industrialización de cannabis con fines medicinales, terapéuticos y científicos. La idea de la empresa mixta fue reconocida por el propio autor de la ley que finalmente se aprobó. El proyecto avanzó, se transformó, se diluyó. Hoy Mendoza tiene regulación parcial y el acceso pleno sigue siendo una promesa incumplida.
Eso hace más significativo — y más paradójico — que la provincia haya llegado antes a regular el cannabis para los animales que a garantizarlo plenamente para las personas.
Los animales también sufren. Y tienen derecho a tratarse.
La historia de Pimienta, la perra mendocina que sufrió la rotura de un ligamento, pasó por dos operaciones y rechazó una prótesis, y que recuperó la alegría de correr y jugar gracias al aceite de cannabis, no es un caso aislado. El sistema endocannabinoide existe en todos los vertebrados. El dolor crónico, las secuelas neurológicas, la epilepsia refractaria, el deterioro cognitivo senil: patologías que los animales padecen igual que nosotros, y para las que la farmacología convencional no siempre tiene respuesta ni, muchas veces, compasión.
El médico veterinario Guillermo Genta, de la Asociación Civil Veterinarios Cannábicos Argentinos, lo dice con precisión: son seres sintientes y sujetos de derecho. No es una metáfora. Es una categoría jurídica que la legislación argentina reconoce desde la reforma del Código Civil y Comercial y que los dueños de mascotas enfermas comprenden mejor que cualquier manual de bioética.
El acceso pleno sigue pendiente
El REPROVET es un avance real. Pero hay algo que incomoda en esta foto: mientras los animales mendocinos tienen hoy un marco más claro para acceder al cannabis medicinal que muchos pacientes humanos que siguen dependiendo de importaciones, burocracia o mercado informal, la regulación plena para personas en Mendoza todavía espera.
No porque falte voluntad legislativa en abstracto. Sino porque cada vez que se avanzó, alguien se encargó de que el acceso quedara concentrado o sujeto a condiciones que lo hacen inaccesible para quien más lo necesita: el paciente sin recursos, el adulto mayor con dolor crónico, la familia que no puede pagar el aceite importado.
Mendoza puede más
La provincia tiene condiciones climáticas y de suelo excepcionales para el cultivo. Tiene universidades, tiene CONICET, tiene tradición vitivinícola que es, en el fondo, tradición de transformar plantas en valor. Lo que le falta no es capacidad: le falta decisión política para que el cannabis medicinal sea un derecho de todos y no un negocio de pocos.
Que hoy los veterinarios mendocinos puedan prescribir cannabis con un marco regulatorio claro es una señal de que la ciencia avanza más rápido que la política. Celebremos a Pimienta. Y exijamos que los pacientes humanos tengan el mismo camino despejado.

