Antiludopatía con letra chica: la ley que blinda al casino argentino

El proyecto de Milei se vende como protección de chicos y adolescentes. Lo que hace, en los hechos, es sacarle la competencia extranjera a los licenciatarios locales. La verificación biométrica obligatoria, los bonos y la publicidad masiva quedaron afuera.

El Mensaje 179-2026, firmado por Milei junto a Lugones y Monteoliva, ingresó al Senado el lunes pasado. Se llama “Ley de Prevención de la Ludopatía y Regulación de Juegos de Azar en Línea”. El nombre suena fuerte. El texto, mucho menos.

Un dato político antes de entrar al articulado: Diputados aprobó en noviembre de 2024 una ley antiludopatía por amplia mayoría. La Libertad Avanza votó en contra. La media sanción lleva año y medio durmiendo en el Senado. Ahora, en vez de tratarla, el Ejecutivo manda su propia versión —más liviana— para que la otra muera por inanición.

El truco está en el dominio

Las casas de apuestas autorizadas en Argentina operan bajo el dominio “.bet.ar”, un dominio especial que asigna y controla NIC Argentina, organismo del Ejecutivo nacional. Los sitios extranjeros sin licencia local operan bajo “.com”, “.io” o lo que sea. El corazón del proyecto está acá: habilita a NIC Argentina y a ENACOM a bloquear administrativamente, sin orden judicial, cualquier sitio “no autorizado”. Suena técnico. En la práctica es una herramienta para sacar a los competidores extranjeros del mercado argentino.

¿Quién pidió los bloqueos masivos del último año —los 251 sitios de abril, los más de mil del año pasado? No una asociación de padres. Fue CASCBA, la Cámara Argentina de Salas de Casinos, Bingos y Anexos: los licenciatarios formales denunciando a sus competidores internacionales y consiguiendo que el Estado los borre del aire. La nueva ley institucionaliza ese mecanismo.

Lo bueno, para no caer en mala fe

Crea el artículo 301 ter del Código Penal, con prisión para quienes faciliten apuestas clandestinas vía servicios financieros, tecnológicos o publicitarios. Endurece licencias: quedan afuera operadores con deuda fiscal, condenados por fraude o lavado, con vínculos directos con clubes deportivos, o familiares de funcionarios del organismo de control. Refuerza el rol de SEDRONAR y el Ministerio de Salud en prevención.

Donde está la trampa

La publicidad masiva de las casas autorizadas sigue intacta. Los bonos de bienvenida —el gancho que espera al pibe de 17 años apenas cumple 18— siguen intactos. Los patrocinios deportivos siguen intactos. La camiseta de fútbol con logo de casa de apuestas que ven todos los chicos cada fin de semana, sigue intacta.

Y acá viene lo más grave. La media sanción opositora obligaba a los operadores a implementar un Sistema de Identidad Digital conectado al RENAPER, con verificación biométrica por reconocimiento facial en el registro y en cada inicio de sesión. Esa era la herramienta operativa real para impedir que un chico de 16 años abriera una cuenta con el DNI del padre. La Libertad Avanza votó en contra. Ahora manda el suyo y la verificación biométrica obligatoria desapareció. En su lugar, una fórmula vaga: el BCRA, la CNV y ENACOM deberán implementar “mecanismos tecnológicos” para evitar transferencias hacia casas de juego. Sin reconocimiento facial. Sin RENAPER obligatorio. Pura declaración.

Y lo más llamativo: la propia Lotería de la Ciudad ya trabaja con RENAPER y registros biométricos de forma voluntaria. El sector lo aplica. El Gobierno se negó a convertirlo en obligación legal.

El consumidor invisible

La ludopatía no es un problema individual. Es el resultado previsible de una arquitectura comercial diseñada para enganchar. La Ley 24.240 prohíbe la publicidad abusiva. La Convención de los Derechos del Niño obliga al Estado a proteger especialmente a chicos y adolescentes de prácticas que dañen su salud. La Ley 26.061 lo reitera. Cuando una adolescente ve durante años a su ídolo deportivo como cara visible de una plataforma de apuestas, el daño está hecho mucho antes de los 18.

Se vende como protección de menores. Es protección del flujo de caja de una industria que mueve millones y deja un reguero de adicciones en su camino. No es prevención de la ludopatía. Es proteccionismo del casino con maquillaje sanitario.

Mario Vadillo

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